Foto: Gina Ruz
Dic 28 del 2006
No estoy acostumbrada a ver tantas personas en casa antes de las 9 am, además porque entran hasta el cuarto sin permiso, y porque me ven como un bicho raro y ya estoy pensando en la posibilidad de cobrar la entrada y la chismoseada. Ya deben saber que no como carne ni leche de vaca, y que me pongo a “pensar” muy a menudo. Además ver un computador portátil es nuevo, y ahí viene Luisa Fernanda que le ponga tal o cual música, que mejor mire esto, que le muestre lo otro, y tanta intromisión no me gusta. No puedo pensar, y mucho menos escribir si a cada segundo debo responderle una pregunta, y si no lo hago se enoja y se va, y mi abuela me pregunta que qué le paso, y yo le digo que no sé, que no puedo estar pendiente de si se molesta o no, y mi abuela dice que tengo razón, pero sé que le preocupa, los vecinos son su familia. Ahí vino la Sra Elsy a contarme –por tercera vez- que casi no le hacen bien el baño a la abuela, que mire que Benjamín quería un baño privado y la abuela no, pero no le hacía caso, y tuvo que intervenir ella a salvar a la abuela, y que lo hicieran como era que se debía hacer, sin embargo no quedó bueno del todo… Y cuando la escucho me pregunto por qué me lo dice de nuevo, si quiere aceptación, reconocimiento, agradecimiento, ya le expresé eso la primera vez, si quiere que opine en contra o a favor, no puedo hacerlo puesto que me dá lo mismo, no sé qué desea.
Pero no debo preguntárselo de manera directa. La comunicación dista mucho de ser sincera y directa, como me gusta a mí, puedo ver que suele ser ambigua y con doble intención. Tenía una idea distinta de la gente de mi país, pero he notado que muchas personas que parecen amables, esconden una doble intención en su amabilidad: reconocimiento, o agradecimiento, o que les devuelvan el favor, o intervenir y opinar en la vida de los demás, todo lo cual si no es realizado, se sienten desilusionados y enojados. Lo veo ahora como intento de manipulación, y no me gusta.
Y es que Ambalema es su familia, entonces lo que diga o deje de decir, lo que se salga de sus esquemas, les aterra y a mi abuela le preocupa, así me diga lo contrario, lo que también me incomoda entonces, porque no deseo preocuparla. Pero espero que mi abuela entienda, entonces hablamos de libertad, de sinceridad, de tolerancia, de dejar ser a los demás como desean ser, de encontrarme a mí misma, de ya no creer en la religión sino en una filosofía de vida, y mi abuela me dice que estoy confundida, que tanta información y conocimiento de otros lugares me tiene confundida... Y me siento en el patio, cerca de las plantas, a mirarlas y a pensar, y entonces me deja sola, porque sabe que lo necesito, sabe que debo organizar mis pensamientos…
Pero yo creo que estoy más cerca de mí ahora, realmente tengo más claros mis deseos, mis conceptos, mi ideología de vida. En mi no hay tristeza o desesperación como antes, no deseo salir corriendo, estos meses aquí con la abuela me han servido, lejos de todo y de todos... estoy conmigo y estoy bien, sólo que en algunos lugares hay que lidiar con unas cosas y en otros con otras...
Las pequeñas ciudades tienen gente solidaria, amable (aunque este concepto de "solidaridad" está cambiando en mí), estoy conectada con la tierra, con el campo, puedo comer los frutos y vegetales sanos y con mucha energía, estoy en contacto con el aire puro, hay paz y tranquilidad y la vida transcurre más lentamente. La desventaja es que muchas personas no están conectadas con las ideas de mejorar la alimentación, en mi país profesar y practicar la religión católica ha llevado a la tendencia de una doble moral, y no se conoce ni se respetan otras ideas como la meditación el Tai-chi o el Yoga, Reiki...
En las grandes ciudades, las personas conocen y entienden más acerca de las dietas vegetarias, el yoga, el Tai-chi el Reiki, la medicina Tradicional China o al menos puedo ver mentes abiertas, más respeto hacia la opinión diferente y la vida privada de cada uno, cosa que me encanta, pero lamentablemente hay mucho materialismo, la sociedad consumista inunda la vida y los hogares de la gente, la competencia es abrumadora y la vida transcurre frenéticamente. Contaminación, mala alimentación, ruido, violencia (aunque en mi país la hay en todas partes) generan otros males y la gente se desconecta de su interior, de su alma, deja de escucharse, para escuchar los deseos de los sentidos -que impone el sistema- y vivir su vida sólo satisfaciéndolos: Consumismo y productividad.
Y ahora mi abuela me dice que si estoy leyendo otra vez, que deje el computador, que debo mejor descansar y pensar…
¿Todo suena trágico no? pero no lo es, puedo verlo ahora y sé que no soy víctima, yo he escogido cada momento de mi vida y los he vivido coherentemente: Cuando estudié medicina alopática creí en lo que hacía. Cuando vendí planes vacacionales de tiempo compartido para poder seguir estudiando medicina, creí en lo que hacía. Cuando fui gerente de la empresa de salud, creí en lo que hacía. Cuando me quedé sin trabajo por rechazar la forma como se estaba manejando el sistema de salud, creí en lo que hacía. Cuando viajé para conocer otras culturas y la forma como la gente vive en Europa, creí en lo que hacía.
Ahora deseo encontrar un lugar donde pueda conjugar las mejores cosas que tiene la naturaleza, con gente amable que respete las opiniones de los demás (sin presionar o esperar algo a cambio) y que puedan ayudarme a crecer y se dejen ayudar también. Personas más conectadas con sus sentimientos, con sus emociones, que puedan diferenciar cuando el ego les habla o cuando un deseo viene del alma. Yo estoy en ese proceso, pero tengo tanta inseguridad y tanta tendencia a satisfacer a los demás, que mi ego rápidamente toma el mando y vuelve a decirme lo que tengo que hacer, lo que la sociedad dice que debo hacer. Lo ideal sería no tener que aislarse para pensar, simplemente ser en este mundo, pero para mí es difícil alrededor de tantas personas diciéndome lo contrario…
31-12-06
Luisa volvió. Estamos escuchando de nuevo Cruz de Navajas. Le gusta mucho esa canción desde el año pasado que la canté para ella. Ahora se la sabe y le explico el significado. Y la cantamos juntas. Los días anteriores habían sido de distancia ya que estaba enojada conmigo porque le dije que no me gustaba que me mintiera, y que quería que respetara un poco más. Ella y la mamá se enojan y se distancian y luego vuelven como si nada hubiera pasado, y yo las recibo y charlo, y las quiero y les cuento como pienso, ya que en este proceso de aceptarme a mí misma, debo entender que es difícil hacerlo, si ya es difícil para mi aceptarme, mucho más para los demás. Y a veces no les digo que no estoy de acuerdo que hablen de los demás, simplemente expreso mi punto de vista, pero cuando la divergencia es extrema, entonces se enoja y se va, y yo espero, porque vuelve al rato, o al otro día…
También debo hacer mi parte (inclusive cuando deseo hacer otra cosa) como ir a su casa, charlar, escucharla, explicarle en detalle muchas cosas, compartir el desayuno, a veces también el almuerzo. Aunque es un equilibrio adecuado que me permite sentirme bien, hacerlos sentir bien y tener espacios para mí también, para no salir corriendo, en este tiempo sabático que he tomado para pensar, para estar más cerca a mí raíces y comprender el pasado, para visualizar el futuro.