31 /12/06
5:00pm
5:00pm
-¿Vá a ir a la misa?
-Pero puede ir a darle gracias a Dios en su templo…
-El templo de Dios es el corazón de los hombres abuela- . Le digo. Y la abrazo y le doy un beso y ella continúa:
-Pero puede darle gracias a Dios en su gran y hermoso templo allá en la iglesia…
-¡Ay ya me quiere convencer abuela!-. Y dándole una palmada en la cadera huyo hacia la cocina, y ella me sigue.
-No le vaya a pasar como a mí... y al adventista que me quería convertir y no pudo.
-¿Qué le pasó?
- Me decía que me pasara para su religión y el me ponía una biblioteca nueva y bonita.
-¿Y usted qué hizo?-
-Nunca le hice caso y un día se fue del pueblo y me dijo que era porque yo no me había querido cambiar de religión.
Nos reímos. Le sirvo el agua panela de la noche y le cambio el tema:
-Se acabó el queso Holandés, ya nos toca sólo con pan, y como es tan temprano, creo que hoy serán tres tandas de aguapanela antes de irnos a dormir.
Y ella se ríe de nuevo. Se sienta en la mesedora de metal y plástico y se mece, mirando el techo. Yo me siento en el suelo, cerca de ella. Y escuchamos en la radio la canción: Año nuevo, vida nueva…
-Año nuevo, vida nueva ¿Cuál vida nueva? ¡Si es la misma vida!-
-Si abuela, la vida no cambia, la gente no cambia, lo que puede cambiar es la visión.
-Si, lo que cambia es la forma de ver la vida…
Y allí nos quedamos, en la penumbra, en la víspera del año nuevo, sudando el aguapanela, pensando…
