NUESTRA ABUELA

Foto: Gina Ruz.
lunes 25 dic 2006

La abuela Cristina es la abuela de todos. Nadie sabrá que soy su familia, porque todo el mundo le llama Abuela.
Y duerme sola pero no vive sola: Fernando tiene la venta de minutos celular a $200 en la terraza de la casa y a las siete de la mañana ya puedes escuchar: “¿Aló mijita?” a través de la ventana del cuarto, y se repetirá hasta que lo mueva el sol hacia la cera de enfrente. A las siete y media la señora Bernarda le toca la puerta con el desespero de un moribundo, para ir a misa de ocho. Antes de las ocho llega Celia para preguntarle si va a comprar algo en la colmena, y a las ocho y media Constanza le trae un guiso de menudencia de desayuno.
La abuela regresa a las nueve de la misa, para enterarse que salió en televisión.
Le conté con lujo de detalles todo lo que dijo, lo bien que se le oyó y lo linda que salió. Cinco minutos para contar la historia de un pueblo.

-¿Y salió que dije que la gente de aquí es muy amable y trabajadora, pero faltan oportunidades de trabajo?

No abuela, eso no salió –le dije- , y nos reímos, porque sabíamos que si mandaron de Bogotá a la muchacha bonita de pantalones muy cortos y escote negro y de encaje, eso no iba a salir.

Y es una pena que no la entrevisten más a menudo. Su sabiduría y conocimiento de la historia, danzas y vida del Tolima no debería morir, no debería perderse.

Y yo trataré de escribir, de contar que se sabe el Bunde Tolimense, y que ella dice que no canta, pero lo cuenta: “Vivir, morir, amando el Magdalena, la pena se hace buena, se alegra el existir…”
Y me canta el último canto de navidad que escuchó en la misa, que habla de los peces que toman el agua el río y ven al niño nacer, y yo desearía estar pendiente para grabar todo, pero nunca atino: todo es espontáneo y hermoso, y si la abuela se diera cuenta que la estoy grabando ya no lo sería, porque no le gusta. Es una mezcla de timidez y carácter. Y aunque a veces se resiste un poco, sobre todo en los reconocimientos, al final acepta y se los disfruta, como debe ser, como se debe recoger cuando se ha sembrado…
Almorzamos juntas. El guiso que nos regalaron de desayuno sirvió para el almuerzo, ya que al igual que yo, desayuna sólo avena y frutas, porque el cuerpo se lo ha dicho. Y hablamos de que ya acepta que es mejor no cocinar porque la catarata no la deja; que está tomando captopril y tiamina

-Pero es muy aburrido tomar tantas pastas-. y le recuerdo que es por la presión, que la tiene alta desde hace menos de 5 años, y que mejor no comer sal y comer más verduras. Y me pregunta cómo es eso de la homeopatía y le cuento y le digo también lo de la medicina natural, y le gusta, y me pide que le mande algo para el dolor en el vientre, y hablamos que le viene bien la manzanilla que la tome en aromática, en las tardes, como se toma el té en Europa, y ella me dice que es como el té de las tardes en Girón.

Es martes, y a las siete de la mañana vinieron Paul y Sandra. Todo el mundo toca como desesperado, y lo siento como esas alarmas de esos relojes viejos de metal. Aún escucho la música de los borrachos de la siguiente calle, y entre vallenatos, rancheras, y música colombiana, cantan a coro, ríen, y aplauden, desde anoche.

La abuela les dice que yo estoy aquí, así que susurran un poco. ¡Traen un tamal para el desayuno!.
La señora Cecilia aparece para barrer un poco, desayunar, sacar la basura y charlar con la abuela.
Luego dos o tres señoras más, cada una a su momento, saludan, dicen feliz navidad y cuentan su historia, su tragedia, su preocupación. Y la abuela escucha, y opina. Siempre es interesante escucharla, no siempre es fácil, ya que a veces les dice lo que no quieren escuchar, como que mejor dar ejemplo que hablar, que deben respetar, no hablar de más…

-Abuela, ¿Qué le parece si con todas estas cosas, los reconocimientos, los trajes, las fotos, los documentos, la historia de las danzas, hacemos un museo?

-¿Para eso es que escribe tanto? Esa es su idea?

-Es sólo una idea abuela, la verdad es que es algo muy especial. A pesar de no ser de este lugar, puedo percibir el valor de lo que usted hace a través de otras personas...

¡Cuando me muera puede hacer lo que quiera con la casa y las cosas, ahora déjeme tranquila!

La abuela caminó hasta el patio. Muy lento. Ya no le alcanzaba el aliento. Y la abracé por la espalda, y le pregunté:

-¿Le sirvo la aguapanela?