ELEMENTOS DEL GRUPO DE DANZAS.
Fotos: Gina Ruz
31/12/06
Hoy vino Luis Acuña. Es un joven de piel blanca de unos 35 años, que saluda la abuela con una efusividad que no le es correspondida, porque la abuela no se acuerda de quién es él. Tanta gente la conoce y viene de fuera, que ella no recuerda a todo el mundo, sobre todo porque a veces han pasado muchos años. Ella les sigue la corriente la mayoría de las veces, hasta que por la conversación descubre quién es, pero a veces cuándo está muy perdida pregunta :
- Y usted quién es?, yo no me acuerdo…-
- Soy Luis, el hijo de Eduardo Acuña, no se acuerda?
Y La abuela se acuerda y lo hace sentar.
Luis, recuerda los consejos de la abuela cuando ella trabajaba en la biblioteca, y ahora regresa a darle las gracias, con esa emoción y efusividad que me conmueve. Luis ahora trabaja en un almacén de tapetes persas en Medellín. Es ahora musulmán, y ayuna y guarda el Ramadán y pronto va a buscar una esposa a Paquistán. Y la abuela escucha, y pregunta sobre la religión para aprender más, y respeta…
Y cuando Luis se va, la abuela se acuerda de él y su padre, Eduardo, que también estuvo en el grupo de danzas, y me cuenta que Eduardo era declamador y un día le hicieron una broma…
-Qué broma abuela?-
-(Risas) Es que el era el narrador e íbamos a presentar la historia del tabaco, la caña de azúcar y el café.
-Aja, cuente..
-Es que Eduardo era muy serio, el ya tenía como 25 años, entonces a mí se me ocurrió el día anterior a la obra, que disfrazáramos a las muchachas, y entonces la que era el tabaco tenía una falda echa de cartón, pero parecían las hojas del tabaco, la pintamos y todo. El del café llevaba en la cabeza una cesta llena de granos de café y la de la caña de azúcar tenía unas hojas en la cabeza largas como las de la caña. (risas)
-Y que pasó?
-Pues que el día siguiente Eduardo ve a todo el mundo diferente, casi irreconocible y me dice: ¿Y yo voy a narrar así, con todo el mundo disfrazado, en esas fachas? (risas).
Lucía también regresó a visitar a la familia. Emocionada viene a visitar a su abuela Cristina, y cuando la abuela presenta a su nieta, no sé si se refiere a ella o a mí, y le pregunto y las tres nos reímos, y se sienta y nos cuenta cómo le fue en Europa: Después de más de 10 años de vivir entre Inglaterra, Sur África y España. Nos cuenta que estuvo casada por 5 años y que se separó, que no tiene hijos y que regresa a Bogotá a mirar si se amaña, y si no, regresa a España porque le encanta Barcelona y ya tiene el tiquete de regreso para marzo. Lucía recuerda también los 6 años que estuvo en el grupo de danza, recuerda las presentaciones y todos los premios que se ganaron, y divertida recuerda la vez que estuvieron en Ibagué y no los dejaron venir hasta la premiación y entonces ellos creían que iban a ganar, pero resulta que nombraron el tercer lugar y el segundo y el primero, y a ellos no los nombraron y se van enojando todos, y luego les dicen que los declararon fuera de concurso y refunfuñando se montan en el bus y Michael dice ¡Pa’ qué nos invitan si no nos van a dejar concursar! Y la abuela preocupada pregunta a los organizadores qué pasó y regresa a decirles: “No sean tontos, eso lo que quiere decir es que de ahora en adelante ya no pueden concursar porque nadie los puede superar” y todos se ríen y festejan, y la abuela se acuerda ahora y también se ríe.
La abuela se da cuenta que Lucía y yo nos entendemos y entonces se va y nos deja conversando, y cuando Lucía se va, prometiendo volver, la abuela me cuenta que a ella nadie la quería en el grupo y la empujaban y no la dejaban bailar, todo porque era diferente, pensaba diferente. La abuela la defendía y dejó a la otra niña una semana sin bailar, por no respetar a Lucía.
Y esas son las cosas que hacen a la gente volver a saludar y a agradecer a la abuela. Y ahí llegó otra muchacha con dos niños, que también estuvo en el grupo, y son tantas personas que no puedo escribir de cada una de ellas, y la abuela tampoco se acuerda, pero ellos sí se acuerdan, se acuerdan de los consejos de la abuela, de todo lo que aprendieron hace 5, 10, 20 o 30 años, el tiempo que la abuela ha enseñado de la vida y las danzas indígenas al pueblo de Ambalema.
