SUS AMORES

Foto: Gina Ruz
La abuela tenía un perro que se llamaba Macondo, se lo regalaron cuando ella llegó al pueblo, por allá en el año sesenta. Al principio mi abuela se dedicaba a coser, y luego tuvo un kinder, y también llevaban serenatas sobre todo de canciones religiosas, y Macondo los acompañaba, y cuando la abuela no iba, los cantantes pasaban por la calle y le sonaban las cuerdas de la guitarra, y allí va macondo que se desespera, y raspa la puerta desde dentro, y llora que lo dejen salir, que el quiere ir y la abuela lo deja, va a la serenata, y cuando vuelven en la madrugada ellos siguen y el se queda en casa.

A Macondo lo envenenaron después de 13 años de vivir con la abuela. Un señor quería envenenar al perro del vecino por bravo, y cayó macondo. Y la abuela no volvió a tener perro. Dice ahora que no es bueno que los perros dependan de la gente, que anden detrás de ella, que es mejor que anden libres y tengan espacio para correr.

Yayita tampoco está en casa. La señora Elsy la cuida ahora. La abuela dice que se monta en los árboles y ella ya no la puede coger, así que mejor que esté donde Elsy. Después del brazo roto hace un año, la abuela no la podía cuidar, porque estuvo en Mariquita un tiempo y luego aquí, tres meses durmiendo en la silla en la sala, donde antes dormía Yayita. Y Constanza me cuenta y hace cara de horror cuando se imagina lo que le debió doler a la abuela cuando por la edad no pudieron operarla ni ponerle yeso, y la mandaron a la casa así y se curó el brazo con el sobandero del pueblo. Constanza recuerda cómo ella se agarraba de la cama más duro cada vez, y apretaba el pañuelo en la boca y respiraba profundo con cada sobo, con cada día, hasta que se curó.

Yayita no está, y a veces la extraño. La recuerdo desde la infancia, cuando venía a visitar a la abuela con mi madre y mis dos hermanos. Recuerdo cómo cuando cantaba el Ave María en las mañanas, o su voz preguntando altanera: “Y es que la lora no come, no comeeeee?!”, o cuando llamaba a Gina al amanecer, y todos durmiendo de lo lindo y ella: "¡Ginaaaaa, Ginaaaaaaaaaaaaaaa, Ginaaaaaaaaaaaaaaaa!" y Gina se levantaba enojada y le decia: ¡¿Quéee?! y ella le decia: ¿Quiere cacaooo?
O cuando se reía del llanto de Salvador y lo imitaba, o cuando se reía de las conversaciones de los demás, o cuando respondía desde el patio y en la casa vacía ¡No estáaaaa! si alguien preguntaba por la abuela en la puerta, lo que hizo a más de uno quedarse un rato a seguir preguntando, pensando que alguien estaba en la casa; o cuando lloraba como un niño y la gente que no conocía a la abuela le decían que atendiera al niño, que pobrecito llorando, que después seguían la encuesta. Y la abuela les mostraba el niño de plumas verdes y gran pico y la gente admirada se reía, y yayita también. Aunque a veces se enojaba, y picoteaba a la abuela, o correteaba a los demás. Por eso la abuela la tenía más tiempo en la jaula últimamente.
Y es que Yayita siempre tuvo su genio, inclusive con condorito, porque cuando lo veía triste le decía: “No llore, maricaaaaa, no lloreeee!!”, y cuando condorito se murió, y la visitaba el loro de la vecina, más joven y más grande que ella, ella lo picoteaba de vez en cuando, y dejaba de hablar, a veces también dejaba de hablarle a la abuela.

Yayita ya está vieja. Fue un regalo de Salvador, mi padre, cuando la abuela visitó la costa, hace más de 25 años. Fue también cuando la abuela conoció las corralejas, en Magangué y se horrorizó; y se escandalizó aún más cuando vio descuartizar un galápago aún vivo en una olla hirviendo en la cocina de mi padre, y no comió, de tristeza por el animal, y muy a pesar de la insistencia de mi padre.

-El bocachico sí me gusta- me cuenta ahora.

Y le digo que ya la gente ya no come tanto el galápago, por que está en vía de extinción, y le digo que eso es culpa de la religión católica, por andar prohibiendo la carne de res en semana santa, y aprobar el manatí, y luego el galápago, y la gente los caza en gran cantidad en una semana, y afecta su ritmo se reproducción, y los pone en peligro de extinción. Pero le digo que las cosas han mejorado y hay más control…

- Qué hace?

- Escribo abuela. Me llamó mi tía Bety, la hermana de mi papá, que saludos-

- ¿La llamó?

- Si abuela, me llamó, está en Leticia, y también mi tía Olga le manda muchos saludos.

- ¿Ah que bueno, eso nutre más que cualquier sancocho… y por cierto, qué va a almorzar, sus pastas o el tamal?.